manifiesto
Creo en el desarrollo personal.
Pero no en el que nace de la idea de que hay algo defectuoso en vos que necesita ser arreglado.
No creo que estés roto.
No creo que necesites convertirte en otra persona para merecer estar en paz.
No creo que la vida sea una carrera hacia una “mejor versión” de vos mismo.
Creo que crecer es posible.
Pero también creo que muchas veces confundimos crecimiento con perfección.
Como si sanar significara dejar de sentir miedo.
Como si evolucionar significara dejar de equivocarse.
Como si aprender significara dejar de tener dudas.
Y la experiencia humana, al menos la que yo conozco, no funciona así.
Creo en las personas reales.
Las que avanzan y retroceden.
Las que entienden algo y tiempo después vuelven a olvidarlo.
Las que siguen trabajando en sí mismas mientras intentan vivir, amar, construir y sostener todo lo demás.
No creo nada en los gurús.
No creo nada en quienes parecen tener respuestas para todo.
Desconfío de las certezas permanentes.
Desconfío de las promesas de llegada.
Porque no estoy seguro de que exista ese lugar al que tantos dicen haber llegado.
Lo que sí veo son personas recorriendo caminos distintos.
Aprendiendo cosas distintas.
Atravesando desafíos distintos.
Y compartiendo aquello que descubren mientras avanzan.
Esa posición me resulta más honesta.
Por eso no me interesa enseñar desde arriba.
No me interesa ocupar el lugar de quien ya resolvió la vida.
No me interesa construir una imagen de perfección.
Prefiero la conversación a la autoridad.
La exploración a la certeza.
La honestidad al personaje.
Comparto lo que aprendo.
Comparto las preguntas que me hago.
Comparto las herramientas que me ayudan.
Y no lo hago porque haya llegado, sino porque sigo caminando.
Creo que acompañar a alguien no siempre implica ir diez pasos adelante.
A veces implica estar presente.
Escuchar.
Compartir perspectiva.
Ofrecer una mirada distinta.
Caminar un tramo juntos.
Creo en el crecimiento que nace de la curiosidad, no de la insuficiencia.
No voy a ser cómplice de un sistema que necesita hacerte sentir que siempre te falta algo para venderte la receta para solucionarlo.
Creo en la responsabilidad, pero también en la compasión.
Creo en aprender.
Creo en cuestionarse.
Creo en cambiar.
Pero también creo en descansar.
En aflojar la exigencia.
En dejar de vivir como si siempre hubiera algo más para corregir.
No tengo respuestas para la vida. Y cada vez me interesa menos encontrarlas.
Me interesa más aprender a habitar las preguntas con honestidad.
— Fede