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Mi historia

Durante mucho tiempo me relacioné conmigo desde un lugar bastante mental.

Pensar, analizar, entender.
 Ahí me movía cómodo.

 

Y en parte funcionaba.
 Me ayudaba a ordenar lo que me pasaba, a ponerle nombre a muchas cosas.

 

El problema es que había situaciones que no se acomodaban con eso. Y no porque no las entendiera, sino porque simplemente seguían estando ahí. Relaciones que se repetían. Decisiones que se estiraban más de lo que quería. Ciertas reacciones que aparecían incluso sabiendo que no iban a ayudar.

Durante bastante tiempo conviví con esa contradicción: por un lado, claridad, por el otro, una sensación de estar medio trabado en algunos puntos.

 

En ese contexto empecé a formarme. Primero como parte de una búsqueda personal, y después ya con más profundidad: Mindfulness, PNL, Hipnosis Ericksoniana, Coaching Generativo, entre otras. 

Cada cosa que sumaba me daba más herramientas.
 Y también más formas de explicar lo que me pasaba. Pero en un punto eso empezó a jugarme en contra. Porque cuanto mejor podía explicarlo,
 más fácil era quedarme en ese lugar sin mover demasiado.

 

Y esto no fue algo que vi de golpe. Fue más bien darme cuenta de que había entendido muchas cosas y aún así, algunas partes de mi vida seguían igual.

 

Ahí entendí que necesitaba un cambió de dirección: dejar de usar el entendimiento como cierre
y empezar a usarlo como punto de partida. Empezar a mirarme en lo concreto.
En lo que hacía.
En lo que evitaba.
En esas decisiones que venía postergando.

 

Eso fue bastante más incómodo pero también mucho más claro. Porque ya no tenía tanto margen para explicarme.

 

Con el tiempo, esa forma de mirarme se volvió central. No como algo teórico,
 sino como una práctica constante. Y desde ahí empezó a ordenarse distinto.

No perfecto. Pero sí más honesto.

 

Hoy, mi trabajo parte directamente de ese recorrido.

 

Por eso, cuando acompaño a alguien,
no pongo el foco en lo que debería hacer. Lo pongo en cómo está funcionando hoy en eso que le pasa. Porque hay cosas que no cambian cuando las entendés, cambian cuando dejás de sostenerlas igual.

Ahora, quiero ser bien claro en algo.

Gran parte del universo del desarrollo personal está armado para eso: para que entiendas más, pero no necesariamente para que transformes.

Para que repitas frases hechas, te motives y creas que con pensar distinto las cosas van a cambiar por si solas. Y eso es cómodo. Ordena. Incluso alivia. 

Pero también es una forma muy efectiva de que nada cambie.

 

Yo no estoy acá para sostener ese juego.  Estoy para cortar con eso.

 

Si vos también estás en ese punto, te acompaño.

Un abrazo,

Fede

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